La Importancia del Comunicador

 

La impotencia del comunicador, de aquel que quiere sembrar ideas, ¿no te ha pasado? Das por hecho que los seguidores de Jesús tienen una misma hoja de ruta, que piensan, en esencia, como tú. Tú no eres nadie, solo escribes cosas, o cantas cosas, o dices cosas, y sin querer, cada vez te presta atención más gente. Y esa gente cree que te conoce. No, solo conoce lo que dices. Intentas no pensar mucho en ello, y sigues diciendo lo que piensas, y además crees, acertadamente o no, que es algo que puede ayudar a la gente, al Reino de Dios.

Entonces, asumes tu responsabilidad, que no sabes muy bien quién te la ha dado, y a veces algunos te atacan, o no te comprenden, o utilizan tus palabras para decir lo contrario. A veces escuchamos solo lo que queremos.

Entonces empiezas a defraudar a la gente. Algunos hablan a tus espaldas. Hacen exégesis de tuits, creen saber lo que querías decir. En ocasiones hago afirmaciones categóricas. No doy para más, y soy intencionalmente provocador. Me creo heredero del provocador por excelencia.

Por ejemplo, las olas ideológicas que han inundado el mundo pop, sobretodo desde los años sesenta, me tienen harto, más que harto. Y no lo puedo ocultar. Y que creyentes hayan tragado el camello, y desde esa ideología juzguen la cosmovisión bíblica es grave. Además, hacen declaraciones disruptivas, y reniegan de la sabiduría ancestral de la Escritura sin una reflexión profunda, sin escuchar a los que los aman, a los suyos, a predicadores de la palabra. Y prefieren, para hacerse una opinión ética de los temas de actualidad, una charla TED.

Por otro lado, los conservadores me tachan de liberal, lobo vestido de oveja, me dicen. Impertinente y sin la formación adecuada. Cantante, metido a teólogo, como insulto. Sin saber lo que he estudiado o he dejado de estudiar. Los liberales, los progresistas (sé que dependiendo del país y de la disciplina significan cosas diferentes, da igual), me tratan de retrógrado, por no comerme todas las innovaciones de última moda en torno a lo que significa ser humano, hombre o mujer, la familia, la sexualidad, la vida, la muerte, etc. Y sin oportunidad de reflexión…

La impotencia del comunicador. No me queda otra que ser fiel a mi mismo, y al Dios que me hizo así, y tener misericordia conmigo y con los demás. Sigo en el camino. Sigo leyendo libros como si no hubiera un mañana, devorando de todos los temas que me interesan, construyendo mi yo: la libertad, la justicia, el sexo, la economía, la Biblia, la política, la teología, la eclesiología, Jesús. Intentando conectarlo con la gran idea: El Reino de Dios.

Quizá pido un voto de confianza, o compasión, o algo. La intolerancia es la marca de la casa de las nuevas ideas rompedoras, la cultura de cancelación. La mansedumbre brilla por su ausencia. La secta de los fariseos y fariseas (ahora hay que decirlo así), sigue viva. Yo a lo mío, hablo al aire, al desierto, y procuro centrarme en servir a mi comunidad primaria, cercana, próxima, que es de la que Dios me pedirá cuentas, mayormente.

La impotencia del comunicador. Entonces resuenan las palabras del Maestro, mi vocación y llamado: el sembrador salió a sembrar.

 

Alex Sampedro 

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Alex Sampedro

Es licenciado en psicología, poeta, compositor y violinista. Es pastor en la ciudad de Valencia, España desde dónde viaja por el mundo con su música y sus reflexiones acerca de la fe, el amor, el arte, la espiritualidad y la iglesia.

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