¿Milagros o “Ficción Espiritual”?

Esto demanda una entrega plena o fracasaremos en el proceso. Quien pretenda negar la pertinencia de los milagros hoy, tendrá que sincerarse y aceptar que en su frustrado proceso prefirió elegir una teología anti bíblica y acomodaticia. El hecho de que yo no sea santo, no niega la santidad como una verdad escritural; sólo porque que yo no logre ver a Dios, no significa que él no exista o el que yo no logre el desarrollo económico deseado, no dice que Dios no esté interesado en mis finanzas. Hebreos 13:8 dice: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.” Esa es una realidad de actualidad. Dios siempre ha sido un Dios de milagros. No sólo durante el ministerio de Jesucristo en la tierra sino desde siempre. Doquiera hubo un hombre dispuesto a creerle a Dios, él extendió su mano para operar milagros.

Al conversar con gente sobre los milagros hoy, me sorprende oírlos decir que eso ocurre en otros lugares. Parece que muy pocos creen que son para nosotros aquí y ahora. Siempre desean oír historias sobre cómo Dios lo hizo en otros lugares. Pero en ocasiones siento que sólo desean escuchar fascinantes historias para entretenerse con algo de “ficción espiritual”.

Cuando llegué a España por primera vez, recuerdo que un misionero me dijo: “Acá en Europa la gente es muy de la cabeza y poco del corazón de manera que no espere los milagros a los que está acostumbrado en América.” Dios me auxilió hablando a mi corazón. Sentí que el Señor me decía no le creas, yo soy el mismo aquí y en cualquier lugar. Después de la cruzada el misionero me dijo nunca habíamos visto tantos milagros, no creí que podía ocurrir aquí.

Luego viajamos a Portugal y Dios hizo milagros igualmente. Viajamos hasta Holanda y la manifestación divina no fue menor. En cada país donde he estado en las pasadas tres décadas he visto la mano de Dios haciendo milagros. En Vigo España escuché a un futbolista del equipo de Suiza testificar que aquella noche Dios le había sanado a él un músculo atrofiado en su muslo, a su madre del corazón y a su esposa de un tumor. Pensé que eran demasiados milagros para una sola familia y luego escuché su historia. Al leer que visitaríamos España ellos decidieron viajar desde Suiza creyendo que Dios habría de sanarlos. Y claro que Dios siempre honrará la fe de gente así de comprometida.

Confesémoslo, ¡Dios no ha cambiado!, sigue haciendo milagros. Durante una gira por Ucrania mi intérprete me decía aquí la cosa es difícil y se lo digo para que no tenga falsas expectativas. Una vez más Dios superó nuestras expectativas. En cada ciudad a donde fuimos vimos milagros maravillosos de Dios.

Pensar que solo los pobres reciben milagros es ignorar que hay enfermedades incurables y que todo el dinero del mundo no puede comprar la cura de ellas. Es creer que un rico no puede ver la mano divina respondiendo a sus oraciones. Cuantas veces he visto a ricos, a famosos y a líderes influyentes llorar como niños en la presencia de Dios al ver la preciosa misericordia divina supliendo sus necesidades más íntimas y en a menudo sus enfermedades incurables ser sanadas.

Quien se confiesa ateo o que simplemente no cree en milagros está confesando su ignorancia o frustración personal. Alguna vez me he perdido buscando la dirección de un lugar donde tendría que predicar. Le aseguro que pensé en algún momento que la dirección no existía o que estaba equivocada. Una y otra vez descubro que la dirección sí existía y que el equivocado era yo y no el pastor que me invitó.

En Panamá, un afamado abogado y periodista radial me atacaba diariamente durante el desarrollo de nuestra cruzada en Colón. Decía que yo era un impostor, que pagaba a la gente para que se fingiera enferma y se burlaba de mí llamándome brujo, hipnotista además lanzaba desafíos para que le hiciera un milagro a él.

Pues bien, no fue necesario. Una noche trajeron una niña que sufría daño cerebral desde el vientre de su madre. Caminaba con unos aparatos ortopédicos que desde el cuello hasta las piernas la sostenían con correas. La criaturita de unos doce años se movía como un robot. Ella creyó a Dios y recibió el milagro. Ante los ojos de miles de personas se quitó el aparato ortopédico y caminaba libremente.

¿Que qué conexión tenía la niña, con el abogado/periodista? Que el periodista había dirigido la campaña de recaudación de fondos para llevar la niña a Houston para ser operada a fin de que pudiera caminar con aquellos aparatos ortopédicos. Él conocía de primera mano el caso y la severidad del daño cerebral de la niña. Aunque no sé si el periodista se convirtió a Cristo, sé que sus ataques cesaron y apoyó la campaña testificando que los milagros eran reales.

Amigo, Jesucristo sigue siendo el mismo. No hay límites a su amor y poder. Su bendición está al alcance de la mano. Y no olvide, estamos hablando de milagros no de “ficción espiritual”.

Le espero en la próxima cruzada.

Dr. Luis Angel Díaz Pabón 

P.O. Box 832022 

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