El Hombre Firme

El hombre firme conoce el amor de Dios, lo recibe y anda en él. Es un ser humano seguro y persistente. No se deja dominar por las emociones ni por las situaciones negativas. Está convencido de que la Palabra de Dios es cierta y de que Dios le ama. Él no renuncia ni abandona, el Salmo 15.2-5 (NVI) describe claramente a este tipo de persona.

Otra característica del hombre firme es que sabe que no hay nada que pueda hacer para obtener el amor de Dios. El amor divino no depende de usted. Más bien, lo recibe a pesar de usted. Es un regalo que Jesús pagó con su sangre y que no depende de nuestras obras. Es en esta certeza que usted permanece firme cuando se presentan esas circunstancias y situaciones adversas que a todos nos llegan.

Romanos 8:38-39 (NVI) dice: «Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor».

Cuando pensamos en algo inmovible, tal vez una de las primeras imágenes que nos viene a la mente es una montaña. Sabemos que es firme porque está en un lugar fijo, permanente, inalterable.

Se necesitaría una fuerza asombrosa para mover una montaña. De igual manera, un hombre firme es aquel que está «fijo», arraigado en la Palabra de Dios y tiene confianza absoluta en el amor que el Padre celestial siente por él.

No existe nada —aún a pesar de las circunstancias—, que pueda separarle del amor de Dios y él lo sabe. La Palabra de Dios es su autoridad máxima.

Dr. Edwin Lemuel

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